Julio
César se encontró al vidente y le dijo: “Llegaron los idus de marzo”. Y no
atendió el presagio que le indicaba que se encontraba en un grave peligro.
El
vidente le dijo compasivo antes de que Julio César entrara al senado romano:
“Pero los Idus no han terminado todavía”.
Julio
César no atendió la señal del vidente y murió
momentos después.
Y
fue así que los Idus terminaron su trabajo.
El
país está en estos días bajo el presagio de lo que serían para nosotros los
Idus de Mayo.
El
macabro signo de la violencia ha enseñado su sanguinario rostro, en una forma
por demás contundente, en los días iniciales de mayo a través de los
acontecimientos que sembraron el pánico en el centro de la nación.
Una
advertencia para las llamadas elecciones intermedias.
Los
candidatos de todos los partidos y sus estrategas de campaña siguen jugueteando
con los números de las encuestas.
Y
apuestan a sus triunfos en los soporíferos debates que celebran.
La
sociedad vive en el pánico por la
impronta de la violencia.
Y
mientras esos actores políticos que participan en el proceso electoral en
marcha se conducen como si fueran habitantes de un país remoto.
Con
el mensaje directo que lo caracteriza, Federico Arreola pide la renuncia del
gobernador jalisciense Aristóteles Sandoval.
Los
hechos no ameritan una propuesta distinta a la que hace Arreola.
Lo
importante no es sólo una solicitud de renuncia que muy pocos piden de manera
tan explícita y por razones por demás justificadas.
Lo
trascendente del mensaje periodístico de Arreola es el contexto de descomposición
política que se enseñorea sobre el mencionado proceso electoral mexicano en
curso.
Descomposición
y carencia de imaginación.
La
política circense captura la poca inteligencia que demuestran tener candidatos
y partidos para ganar el voto de un electorado preocupado por sus condiciones
inciertas de seguridad, empleo y destrucción de su entorno.
Todo
ello mientras los próceres encumbrados en candidatos bailan, cantan, gritan y
se denostan y difaman.
Ese
es el contexto que degrada las elecciones de hoy en México.
Hace
años el reclamo eran las acciones mapachescas del PRI, que tuvo un alumno que
lo superó en el PAN.
Hoy
la insensibilidad política es la nota.
Antes
de las elecciones los partidos publican encuestas descaradamente realizadas a
modo y por encargo.
¿Quién
le cree a la casa encuestadora que dice que hay un empate en Nuevo León entre
Ivonne Álvarez y el panista Felipe de Jesús Cantú?
Los
panistas aseguran que en sus encuestas se prefigura una cámara de diputados en
la que pueden ser incluso mayoría.
Los
publicistas de Partido Verde, a pesar de la millonaria propaganda desplegada
que no ha logrado borrar su historial patrimonialista y corrupto, asegura que
sacará más puntos que MORENA.
Los
Idus de Mayo presagian un proceso electoral en donde la violencia puede
reaparecer cualquier día de las semanas que restan para llegar a la fecha de la
elección.
O
en la misma fecha en que los comicios se lleven a cabo.
Lamentable
recta final de un proceso electoral que no vislumbra con sus resultados ningún
cambio en el panorama nacional.
¿Cuál
sería el sentido del voto útil en esta ocasión?
Ni
para dónde hacerse pensará el inerme elector.
El
voto del miedo tiene rostro de abstencionismo.
Los
ingenuos llamados al voto de Gustavo Madero ante la brutal realidad de la
violencia no convocan a nadie.
Igual
que les funciona como lastre Aristóteles Sandoval a los priístas de Jalisco,
los lamentos de Madero son un pesado fardo para los candidatos de su partido.
Igual
resultado tiene para la contabilidad electoral del PRD el neo discurso
antipactista del oportunista Carlos Navarrete.
O
la discusión acerca de la venal candidatura de Marcelo Ebrard como diputado
plurinominal de la franquicia de Dante Delgado retirada justamente por el
TRIFE.
Sobre
el tapete ensangrentado de gran parte del país, los dados de los Idus de Mayo
parecen estar echados.
Poco
tendremos que vivir para saber hacia dónde iremos después del diluvio electoral
del siete de junio que viene.
Que
Dios nos coja confesados.
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