Desafortunado
e ingenuo el lance del presidente del Consejo General del INE, Lorenzo Córdova,
plantea un dilema al sistema político mexicano en su conjunto: ¿Si debe
dimitir, Cuándo debe hacerlo?
Los
partidos políticos que están más rezagados en las preferencias electorales
tratan de sacar provecho del incidente convirtiéndose en nuevos defensores de
los pueblos indígenas.
Otras
organizaciones, con una presencia en el ánimo de la ciudadanía que los
convierte en los actores electorales con mayor validez, no digo que sean
buenos, solamente válidos en la medida en que representan las opciones que sin
duda serán las más votadas, piden cautela para evitar la descomposición del
proceso electoral en marcha.
El
gobierno debe ser imparcial, pero también debe ser garante de la paz y el orden
del proceso electoral.
Y
los ciudadanos somos, a final de cuentas, los actores que podemos vernos
afectados si los intereses de los políticos de todo talante arman un revuelo,
que se adivina de muy difícil solución, para elegir un sustituto de Córdova al
cuarto para las doce.
La
imprudencia cometida por el presidente
del Consejo General del INE lo tiene prácticamente fuera del juego.
Pero
la sucesión tiene que pasar por varios momentos que presuponen una batalla en
la que las fuerzas políticas defenderán con todo sus intereses.
Hace
rato que el INE, y su antecesor el IFE, están ciudadanizados solamente en el
papel.
La
realidad es que se ha convertido en una institución rehén en muchos sentidos de
la partidocracia.
No
hay que esperar, desde luego, un final feliz para Lorenzo Córdova.
Pero
hay que tener la suficiente prudencia y mesura para no convertir este incidente
en un riesgo para unas elecciones de tanta trascendencia para México como las
que estarán en juego el próximo 7 de junio.
Mediáticamente
el juicio en contra de Lorenzo Córdova está fulminantemente dado.
Lo
demás será cuestión de fechas y de celebrar un proceso de sucesión que,
repetimos no será nada fácil.
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