Algo está pasando con la
puntería de los más sesudos juzgadores del peñismo a raíz de la fuga de El
Chapo Guzmán.
Ha sido tan profusa la
cantidad y variedad de críticas sobre el asunto Chapo Guzmán que ya se
convirtió en confusa.
Y ante el alud de opiniones,
sentencias y conjeturas que se han escrito y dicho sobre la fuga de El
Chapo, parece que nos estamos enfrentando
nuevamente a la tarea de descifrar galimatías como definir con todo esa diarrea
“crítica” si el Chapo es de izquierda o de derecha; o mejor, como concluyera el
clásico, decidir que El Chapo es todo lo contrario.
Hoy, por supuesto, el
pretexto para tundirle con fe musulmana al peñanietismo es la fantástica
evasión del narco más poderoso, y ahora más popular, de nuestro país y algunos
de sus alrededores.
Algunas especulaciones
mediáticas aseguran que El Chapo no solo exhibió la corrupción del gobierno,
sino que además el barón de la droga de origen sinaloense también está
acelerando los esperados cambios en el gabinete peñista.
La verdad es que ni tanto
que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.
El presidente Peña Nieto, en
lo que se ha visto en relación a realizar movimientos sobre presión en su
equipo de trabajo, es un político que oficia solo.
Mi opinión es que el estilo
Peña de conducir al gabinete hace predecir que, tal vez en este mes cuando
menos, no habrá cambios ni en gobernación ni en ninguna de las áreas del equipo
encargado de la seguridad nacional.
Ayer el secretario de
gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, tuvo una entrevista con varios
gobernadores a propósito de las medidas que se habrán de tomar después de la
fuga del popular narco sinaloense.
Los acuerdos a los que
seguramente llegaron en esa mini cumbre de mandatarios estatales con Osorio
Chong, tendrán, esperamos, un seguimiento natural. Y lo más lógico es que esas
estrategias planteadas por la federación habrá de aterrizarlas Osorio Chong con
los gobernadores.
Otra cosa muy distinta sería
que de las investigaciones que realiza la procuraduría arrojaran las primeras
culpabilidades del caso.
Ayer el Osorio Chong en
conferencia de prensa dijo que era factible que “para lograr su fuga el narco
tuvo que haber contado con la complicidad del personal de la cárcel”.
En apenas dos días se han
propalado cualquier cantidad de supuestos y no menos número de especulaciones
sobre el Chapo y la DEA, los tuits del hijo del Chapo, la traición de los
custodios de Almoloya.
Los magos del
“concluyentismo mediático” han terminado por caer en generalizaciones
perogrullescas como decir que El Chapo exhibió la corrupción del sistema.
Es cierto que la corrupción
se ha enquistado en sabrá Dios cuántas áreas del gobierno.
Pero esas conductas reprobables en los
políticos que aprovechan el poder para medrar, existen desde mucho antes de la
primera fuga de El Chapo.
Y por esos rumbos caminan
las opiniones de que se aceleraría los cambios en su equipo de trabajo.
Tal parece que esos cambios
ya los decretaron desde las columnas políticas y que, por lo pronto, el
presidente debería renunciar a todo el gabinete de seguridad y regresar de Francia
en el primer vuelo que encontrara.
La corrupción, repito,
existente en muchos reductos de la administración es un fenómeno que debe
combatirse, sin duda, con el mismo vigor que se ha anunciado se perseguirá al
Chapo Guzmán.
Pero erradicar ese mal
sistémico es una tarea que no necesita de la fuga de un delincuente para
otorgarle prioridad en la agenda presidencial.
Y tampoco se realizan
ajustes en un gabinete porque el Chapo puso durante casi 48 horas de cabeza al
mundo mediático y en ese frenesí el gobierno quedó lamentablemente atrapado.
Pero la realidad, necia como
siempre, ubica todo en su lugar después de la tempestad.
Y además esa realidad
ineludible, es la que marca los tiempos de la política y con ellos los ajustes
de nombres que, a estas alturas del sexenio, suelen tomarse como proyecciones
futuristas.
Pues no cabe duda que parece
que nos salió grillo El Chapo.
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