Cuando el presidente
Enrique Peña Nieto decidió encarcelar a la corrupta lidereza magisterial, Elba
Esther Gordillo Morales, controvertido personaje que alcanzó niveles de poder
políticos de singular magnitud en los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe
Calderón, la sociedad mexicana esperaba que la limpieza iniciada en los
organismos sindicales que tenían secuestrado al sistema educativo nacional
debería completarse con la eliminación de la CNTE.
La tristemente célebre
Coordinadora que en sus orígenes se presentaba como una alternativa
democratizadora de la dirigencia magisterial, se había convertido en un feudo
igual de corrupto que el SNTE con la agravante de asumir una conducta violenta y
desestabilizadora que afectaba muchas actividades cotidianas de la ciudadanía
en el DF, Oaxaca, Morelia y otras ciudades de la república mexicana.
La decisión coordinada
de los gobiernos del presidente Enrique Peña Nieto y del gobernador de Oaxaca
Gabino Cué de desaparecer el Instituto de Educación del Estado de Educación
Popular en Oaxaca, completa un ciclo depurador largamente esperado por la
sociedad.
Ni el SNTE de Elba
Esther Gordillo y menos la CNTE heredada por polizontes del sindicalismo como
su cabeza visible Rubén Núñez, garantizaban para nada la implementación de las
líneas claves contenidas en la reforma educativa lograda como parte del proceso
de cambio estructural que impulsa, en medio de no pocas turbulencias, el
gobierno peñista.
Veamos un poco de
historia sindical del magisterio que documentan los niveles de corrupción y
patrimonialismo que alcanzaron en sus momentos tanto la CNTE como el SNTE.
Corrían los tiempos del
gobierno de Luis Echeverría y el en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación se consolidaba el cacicazgo de Carlos Jongitud Barrios que endurecía
al control sobre la base magisterial sobre la base trabajadora del gremio
nacido en la ciudad de México el 30 de Diciembre de 1943, durante el régimen de
Manuel Ávila Camacho en un congreso donde surge el SINDICATO NACIONAL DE
TRABAJADORES DE LA EDUCACIÓN con el Prof. Luis Chávez Orozco como dirigente.
En el X Congreso
Nacional efectuado en la Paz Baja California Sur en febrero de 1974 se eligió
como Secretario General a Carlos Jongitud Barrios. Durante este mandato se
impulsaron prácticas sindicales ofensivas. El SNTE fue utilizado para influir y
pesar en la política nacional para adquirir posiciones importantes en el
aparato burocrático del Estado y para decidir en ciertas áreas de la Educación
Pública.
Jongitud Barrios, que
llegó a ser director del ISSSTE y luego gobernador de San Luis Potosí fue
defenestrado por Carlos Salinas de Gortari y Manuel Camacho Solís quienes
entronizaron a Elba Esther Gordillo en la dirigencia sindical.
Ni Salinas ni Camacho
Solís imaginaron la manera en que Elba Esther Gordillo los rebasaría económica
y políticamente cuando instauró en el SNTE mecanismo de control personalísimos
que la hicieron dueña de la poderosa organización, considerada como el
sindicato más numeroso y con más recursos y poder político de América Latina.
Elba Esther se convirtió
en una retadora abierta del poder priísta. Y luego, sin empacho, negoció, o más
bien se aprovechó de la ingenuidad panista en los gobiernos de Fox y de
Calderón, a quienes “les vendió su capacidad de operación electoral y sus
conocimientos de control de masas”, y obtuvo por ello increíbles cantidades de
dinero y un número bastante grande de posiciones en cargos de elección popular
y en las burocracias de la federación y los estados.
Ante esa descomposición
surgió un movimiento democratizador dentro del magisterio.
El 18 de diciembre de 1979,
aparece la CNTE y se define como “una organización de masas conformada por los
trabajadores de la educación democráticos del país, independientemente de la
burguesía y su estado, del charrismo sindical y de cualquier organismo
político, es decir, no es propiedad de nadie más que de los propios
trabajadores de la educación. Es un frente de clase, porque participan en ella
trabajadores de la educación que aceptan el principio universal de lucha de
clases, independientemente del color, sexo, credo religioso e ideología
política; lo fundamental, es que estén dispuestos a luchar por sus intereses de
clase, por la solución de sus demandas económicas, sociales, laborales,
profesionales y políticas.”
Hoy la Coordinadora
Magisterial, convertida en un ente con peores prácticas de control sobre las
bases igual de caciquiles que las que tuvieron el SNTE de Jongitud y de Elba
Esther Gordillo, en sus momentos de mayor fuerza.
El golpe de mano que dio
el presidente Peña Nieto a la CNTE es una acción complementaria de la
defenestración y encarcelamiento de Elba Esther Gordillo.
Lo que se espera es que,
después de los golpes a la CNTE y el anterior al SNTE, logren que los puntos
clave de la reforma educativa por fin puedan aterrizar.
Tienen toda la razón los que dicen que la decisión
de ayer tomada con la CNTE, es solo el principio de una recuperación educativa
esperada desde hace ya muchos años.
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